dissabte, 19 de febrer del 2011

Si supiesen



Si supieran cómo he llorado sentimientos,
toda esta inexperiencia,
sueños e ilusorios júbilos.

Si supieran cómo he perdido amistades,
todo este desafecto,
nacidos afables de color blanco.

Si supieran cómo he luchado por ser dichoso,
redimir cadenas,
heridas secretas y mudas.

¡Solo si supieran!

Saludos desde el laberinto





Desencadenan los sentidos cuando  majestuosa la desigualdad vuelve a jurar no volver a ser tenue como la jubilosa furia. Desde la faraónica figura de un desheredado escritor guardando la única pieza del puzle cojo y llegando a la más mínima delicadez del frío de julio, se despierta la tristeza del que a sabiendas no conoce que renacen los olores por la mirada. No solo se pudren los sinsabores, si no que la belleza descalifica a diario la mente del que se siente inteligente. 

¡Tanto luchar por las delicias de un futuro desagradable en destreza y en promesas que huelen a fregona marchitada en el moho de un desierto a plena luz del día! 

Virulencia desengrasada en la desdicha de unas palabras vivas de pensamientos y logradas en cada uno de los sentidos de un cuadrado queriendo ser obsesivo del que no sabe ver más allá de unas gafas negras de polvo y pasado.

No se siente más lleno el que no sabe describirse si no el que no siente lo que las manos murmuran un mediodía de lujuria y verdad. Si cada uno de nosotros supiéramos tratar la fragilidad del oro negro, la duda volvería a generarse en el más absoluto desenfreno. De lágrimas se nace y se hace cada uno de los rayos que saben desfilar en el augurio de la eternidad menos cautelosa y ningunean los jilgueros cada una de mis intenciones por cantar con ellos la vivencia de una sonata zarandeada por pensamientos aniñados en el propio ensueño del castillo sin papel.

Curar la herida de la mañana para una larga tarde de recuerdos asfixiados en una competición por saber lograr la felicidad. Entre murmuros y celos juran cada uno de mis respiros que volverán los poemas a filtrarse en el color de la pureza verde. Cuando destacan los primeros, los que atrás quedaron dejan de ser quiméricas utopías para volverse a enrojecer como vulgares pensamientos del que siente por no saber sentirse. 

Descuida, no pienses vida mía que dejaré de luchar por conocerte en este laberinto.

divendres, 18 de febrer del 2011

Amigo Francisco



¿Acaso crees que olvidaremos
los buenos momentos
que pasamos en nuestra playa
con nuestras medusas,
nuestros pulpos,
charlando de todo aquello
que nos hacía reír?


¿Acaso crees que la amistad
que nos regalaste
morirá en el silencio
de unas lágrimas de tristeza
que se borran con el olvido del viento?


¿Acaso crees que desaparecerá
de nuestros ojos esa sonrisa limpia
que mostrabas con tímida inocencia
a los que te querían?


¿Acaso lo crees?


Pues no.
No vamos a dejar que el perfume
de tu vida desaparezca
pues aunque el destino te separe de nosotros
ahora más que nunca te mantiene más vivo
en los corazones de tus amigos.



(Dedicado a mi amigo Franciso que con 18 años se convirtió en ángel)

Cambio de colores



Los dos verdes miraron como ayer,
escondiendo,
sopesando el desaire.

El poema no conoce versos como ayer,
me asusta,
pienso en no tenerte.

Cierro la puerta de la lírica como hoy,
impaciente,
canta la prosa en el apeadero.


dissabte, 5 de febrer del 2011

Entre odios




Te odian las mentiras
 y te odias a ti mismo
como se odia el odio
al saber odiarse.

¡Qué cansado el odio
al odiarte!
Aburrido de odiar
más te odias.

Desmontando




Guardemos la felicidad
para cuando me dé la gana
porque la palabra me muerde
y la sonrisa escupe vacío.

Una y otra vez
entre los años no perdidos,
morir y vivir sin cambiar de tema
como todo en el juego.

La partida ha acabado.
El rey sin la reina.
Jaque mate.

Desengaño




Escribir sin respirar,
sin el descanso de una paciencia,
la misma vida que se ahoga,
el principito y su lloro.

La noche los acompaña
pues no saben de valores
ni sienten lo que soy en el momento.
Solitarios falsos.

Figuras que van y vienen,
la flota de una armada vencible
que me derrota en cada revolución,
cuando la luna aprende a odiar.